La primera visita que hará Donald Trump a Arizona como presidente de Estados Unidos mañana martes está precedida por los rasgos que más caracterizan a sus primeros meses de mandato: la polémica y la confrontación.

El anuncio de la visita del mandatario despertó de inmediato el rechazo de numerosos grupos de activistas promigrantes, que denuncian que el presidente aprovechará su visita para insistir en su idea de construir un muro en la frontera con México.

Además, temen que pueda aprovechar la ocasión para conceder el perdón al exsheriff Joe Arpaio, condenado por desacato, y conocido por la mano dura contra los migrantes que mantuvo mientras ejercía. Trump aseguró la pasada semana a la emisora Fox News que estaba planteándose seriamente esta posibilidad.

Para mostrar este rechazo, el congresista demócrata Raúl Grijalva, conocido defensor de los derechos de los latinos en EU, anunció su intención de capitanear una protesta.

“Perdonar a Arpaio es perdonar sus acciones racistas concentradas en la comunidad inmigrante en este estado que nos trajo vergüenza y francamente violó las leyes de este país”, afirmó Grijalva en un video que colgó en YouTube. El congresista por Arizona aseguró, además, que la visita de Trump sólo serivrá para “profundizar la división en el país”.

Pero también las autoridades locales cuestionaron la idoneidad del mitin, que se celebrará en el Centro de Convenciones de Phoenix. El propio alcalde de la ciudad, Greg Stanton, se confesó esta semana “decepcionado” de que el presidente haya “elegido celebrar un mitin de campaña” tras “los trágicos eventos” en Charlottesville y hasta le pidió que retrasara su visita, petición a la que el gobierno hizo caso omiso.

Antes de su discurso, Trump visitará una base militar en Yuma, muy cerca a la frontera con México.

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