ERICK GUERRERO ROSAS | Presidente de Consejo Editorial y Director General | @ericktvazteca

¿Retórica populista o realidad?

AMLO, para anular la Reforma Energética tendría que contar, por fuerza, con el respaldo de al menos una parte del PRI y del PAN, los partidos mayoritarios, que en caso de ser derrotados en las urnas, tal vez no estén de ánimo para colaborar con él.

“El día que yo nací, mi madre parió dos gemelos: yo y mi miedo”, decía Thomas Hobbes, autor del libro clásico de mediados del siglo XVII “Leviatán”. Con esa crudeza describió el gran filósofo el sentimiento más poderoso y característico de la naturaleza humana.

 Y si algún político en la actualidad es capaz de provocar miedo en las masas, ése es sin duda Andrés Manuel López Obrador, el candidato puntero en las encuestas para ganar la contienda presidencial en México de 2018.

Viene a colación porque AMLO ha levantado revuelo, temor sobretodo entre las élites financieras y políticas con su amenaza clásica, repetida hasta el cansancio de que en caso de alcanzar el poder, echaría atrás la Reforma Energética calificada por algunos como “La Joya de La Corona” por su potencial para atraer inversión productiva, generar empleo y crecimiento económico a futuro.

Pero más allá de los discursos de campaña, en verdad, como Presidente, ¿tendría facultades para cancelar la Reforma Energética?

Aquí lo primero que hay que aclarar es que AMLO con esa amenaza está lanzando un dardo al hígado de los votantes. Los llamados electores “Switchers” ó indecisos que aún no definen el sentido de su voto, que van de una opción a otra sin tomar todavía partido y que  son los que van a decidir el resultado de la votación (especialistas calculan que la mitad del padrón electoral, el 50% de las personas que tienen credencial vigente para votar son “Switchers”), odian la corrupción.

Están hartos de un sistema, de una clase política que se enriquece a sus costillas y que parece más bien un clan del crimen organizado que se apropió del ejercicio indebido del poder. Los “Switchers” están resentidos y buscan un cambio de rumbo. Y obviamente, están dispuestos a votar por el candidato que los convenza en ese sentido.

Por eso declaraciones como la de meter a la cárcel a políticos ladrones, eliminar el fuero o cancelar la Reforma Energética donde se sospecha que pudo haber sobornos, actos de corrupción para obtener contratos con la finalidad de explotar campos petroleros, hacen eco entre los votantes. Calan hondo en su ánimo.

Quizá a estas alturas usted me diga: bueno si, ok, de acuerdo, AMLO explota el resentimiento del público, pero ¿puede o no puede hacerlo? Déjeme decirle que si usted es un ferviente defensor de las reformas, le tengo dos buenas noticias y una mala.

La primera buena noticia es ésta: la Reforma Energética contempla penalizaciones muy elevadas, más que en otras partes del mundo por incumplimiento de contrato que puede llevar a la cancelación inmediata de los derechos de explotación por alguna de las siguientes causas: a) Cuando no se cumpla con los planes de exploración o de desarrollo que hayan sido presentados a la Comisión Nacional de Hidrocarburos; b) Por no realizar los pagos en efectivo o en especie convenidos con el Estado; c) Por daños provocados a las personas o al medio ambiente; d) Por desacatar una orden del Poder Judicial con lo cual se pierde automáticamente el derecho de ejercer cualquier otro recurso de apelación.

Sin embargo, en ningún caso la Reforma contempla la cancelación inmediata de contratos por actos de corrupción. Así es que si revisa dichos contratos y encuentra anomalías, AMLO, como Presidente de la República, tendría que perseguir a los funcionarios involucrados y pedir la rescisión de los convenios con los inversionistas ante tribunales.

Anular contratos en caso de corrupción, no es algo que pueda hacerse de un plumazo, por decreto u orden presidencial: va más allá del ámbito del poder Ejecutivo y tendría que dirimirse, legalmente en los terrenos de otro Poder: el Judicial. Y aún suponiendo que en un arrebato AMLO se brincara la ley y lo haciera, los inversionistas podrían recurrir al proceso de Amparo para defender sus derechos de explotación de hidrocarburos hasta en tanto que una sentencia judicial no ordenara la cancelación inmediata de los contratos por actos de corrupción comprobados.

La segunda buena noticia para los partidarios de las reformas es ésta: para cancelar la Reforma Energética, se tiene que hacer un cambio a la Constitución. Y el artículo 135 de la Carta Magna es clara al señalar que para hacer cambios se requiere de la aprobación del Congreso de la Unión con los votos de dos terceras partes de los legisladores presentes; es decir, mayoría calificada, que ningún Partido Político tiene ni tampoco puede alcanzar por un candado que también existe en la ley electoral para evitar la “sobrerrepresentación”.

AMLO, para anular la Reforma Energética tendría que contar, por fuerza, con el respaldo de al menos una parte del PRI y del PAN, los partidos mayoritarios, que en caso de ser derrotados en las urnas, tal vez no estén de ánimo para colaborar con él.

Pero hay algo más: para hacer cambios a la Constitución, además del aval del Congreso Federal, la deben aprobar también la mayoría de los Congresos Estatales (la mitad más uno, o sea, 16 legislaturas), dónde ni AMLO, ni Morena, por bien que les vaya en la votación de 2018 podrían alcanzar semejante fuerza: contar con mayoría en más de la mitad de los congresos estatales.

Ni en sueños. No al menos en 2018. Otra vez, tendría que contar con el respaldo del PRI y del PAN para lograrlo. Sin ese apoyo a nivel federal y local, no es posible echar atrás la Reforma Energética. Hasta aquí, pura retórica: no es posible cumplir con esa amenaza. ¡Aleluya! podrán decir los partidarios de las reformas.

Sin embargo, tampoco pueden cantar victoria porque aquí viene la mala noticia para usted, partidario de las reformas: la experiencia sobre todo de América Latina, demuestra, una y otra vez que líderes del corte de Andrés Manuel López Obrador que saben explotar de sobra los sentimientos, las emociones de los votantes, pueden llegar a crecer al grado de acumular el suficiente poder ya como Presidentes como para anular al Congreso, al Poder Judicial, y reunir la suficiente popularidad como para convocar a un Congreso Constituyente y aprobar una legislación a modo.

Si no me cree, revise los casos de los más radicales hasta los más moderados: Hugo Chávez en Venezuela, Menem y los Kirchner en Argentina, Fujimori en Perú, Daniel Ortega en Nicaragua, Lula Da Silva en Brasil y tantos otros…

Ya sé, ya sé lo que me van a decir: “Aquí en México es diferente”. Así lo creyeron en cada uno de esos países. “No se lo van a permitir”. También lo decían por allá en Centro y Sudamérica, e incluso una frase similar la escuché muchas veces cuando advertí que Donald Trump ganaría las elecciones en EU cuando nadie lo creía posible en conferencias por todo el país: “no lo van a dejar llegar”, me decían. Y llegó.

Quizá por eso Andrés Manuel López Obrador dijo en algún momento del mes de febrero de 2018 que su sexenio no sería de reformas. No al menos en la primera parte. Me imagino que quizá estará calculando, esperando la llegada de mejores condiciones, de afianzarse en el poder en caso de ganar las elecciones presidenciales para convocar a un Congreso Constituyente y aprobar una Constitución a modo…tal vez…pero eso sólo lo podríamos averiguar usted y yo con el paso del tiempo…

 

 

 

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