Vanessa Guerrero Belmont

Todos sin excepción hemos visto alguna vez una de esas series o películas norte americanas sobre las prisiones, donde siempre, de los que más se tienen que cuidar los protagonistas (que suelen ser los presos), es de los mismos policías o encargados de la prisión, pues suelen ser los mayores criminales.

Ojalá esta fuera una situación donde pudiéramos decir “eso solo pasa en las películas”, pero lamentablemente, no es otra película de amor hollywoodense.

Como ejemplo, tenemos el reciente incidente que sucedió en el Tribunal del Distrito de Jefferson, en Louisville (Estados Unidos) donde una reclusa se presentó sin el uniforme de la prisión y sin pantalones, en solamente ropa interior del torso para abajo. Ante tal situación, la juez le preguntó a la reclusa por qué no traía pantalones; a esto ella le respondió que le habían negado la prenda y productos esenciales de higiene femenina, e incluso agregó que no era la única a la que le habían negado dichos elementos.

Indignada, la juez llamó a la prisión para que le explicaran por qué había ocurrido eso, a lo que la cárcel sólo respondió que “había estado muy poco tiempo encarcelada como para recibir el uniforme”.  Para mí, se trata de otro de los fallidos pretextos de las autoridades para intentar justificarse.

Todos estamos de acuerdo de que las prisiones son un lugar para sancionar a aquellas personas que cometen delitos, pero las personas con valores también estamos conscientes de que estas personas siguen siendo humanos, con necesidades y derechos como todos los demás. En este caso en específico, podemos notar a las autoridades abusando de su poder, como es normal en las prisiones.

Estoy de acuerdo de que a los delincuentes se les debe tratar con cierta firmeza, pero sin exagerar, pero son los mismos oficiales los que entran en el juego carcelario, pues sabemos que las drogas que circulan en una prisión no aparecen de la nada.

Como lo imaginarán, los mismos oficiales son los sobornados para meter este contrabando y venderlo a los prisioneros, los que al final terminan siendo los culpables de que les extiendan la condena por posesión de contrabando.

¿Cuánta falta de preparación deben de tener los departamentos judiciales para que pase esto?

La situación de las cárceles es un tema muy debatido, pero pocos han hecho cosas para cambiarlo. Según estudios hechos por la Gaceta Oficial del Distrito Federal, 30.5% de los prisioneros en el Distrito Federal y 19.7% en el Estado de México, señalaron que no disponían de suficiente agua para beber, y ese sólo es uno de los recursos a los que no tienen acceso al 100%, un elemento vital para la vida de un ser humano.

Mi pregunta es, ¿estamos reformando o formando más criminales?

Sé que habrán escuchado esto muchas veces, pero me parece muy importante que cuando un delincuente salga de la cárcel, sea mejorado, con mentalidad diferente, no con más sentimientos negativos reprimidos y más rencoroso que cuando entró.

Tomemos el ejemplo de una cárcel en Noruega, donde su prioridad es que el prisionero se dé cuenta de cómo cambiaría su vida si decide darle un rumbo diferente. Demostrarle la manera pacífica y feliz en la que viviría, si sus actos estuvieran bajo los términos que marca la ley. Ellos pensaron detrás de la venganza, pues todos cuando hemos sido víctimas de algún delito, sólo deseamos que esa persona sufra lo más que se pueda, pero en su lugar, deberíamos ponernos a pensar: ¿queremos a una persona amenazante que cuando cumpla su condena nos hará lo mismo, o a una persona arrepentida y dispuesta a cambiar?

Quizá una cárcel no tenga el poder de cambiar tan drásticamente a una persona, pero sí puede darle un panorama diferente sobre la vida. Las prisiones no deben ser sólo un recurso de sanción, si no de cambio.

Puede que las mamás nos hayan enseñado, coloquialmente hablando, a “madrazos”, pero nosotros, las nuevas generaciones, creemos que una forma de disminuir la delincuencia mundialmente es con el cambio.

Hay que ver más allá de los golpes, de la tortura, pues ¿cómo esperamos poder cambiar las acciones de alguien si no conocemos sus razones para hacerlo?

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