Escrito por: @nichohinojosaof

Cuando algo me lastima muy profundamente, me voy. Me voy lejos a un lugar inexistente, un lugar privado de toda presencia, de todo ruido, de todo bullicio.

Cuando algo nos lastima tendemos a defender o defendernos, pero mi manera de hacerlo es cruel, no es la más óptima, entonces mi mente se bloquea, se contrae, huyo a ese lugar a vaciar ese dolor que me corta hasta la respiración y con el único objetivo de no lastimar a nadie.

Me imagino que la gente debe pensar que estoy completamente loco, no lo imagino, me lo han dicho. Pero no, no lo estoy, es mi mecanismo de defensa para no herir a nadie. Y funciona, eso que vacío en ese lugar, no regresa, ahí se queda. Ni siquiera vuelvo a pensar en ello y eso sí lo hago por salud mental y emocional.

Nunca había exteriorizado esto, muchos se han quedado con la idea de mi repentina locura y está bien, ni siquiera me importa que lo piensen, mientras yo esté en paz, sabiendo que no hice daños permanentes, lo que puedan pensar, no importa.

Todos deberían practicar este insano ejercicio, si bien, te juzgarán loco, también te dará mucha tranquilidad y hasta te evitará conflictos o peleas.

Para las mujeres que son impulsivas, que no aguantan calladas, que tienen que gritar, despotricar, aléjense cuando tengan esos momentos de ira.

Nosotros los hombres que somos más viscerales, que alzamos la voz, que olvidamos con mayor facilidad, que azotamos puertas y lanzamos objetos, es preferible retirarnos y que nos juzguen emocionalmente enfermos a causarle un daño a alguien. Y cuando digo lastimar, obviamente no hablo de alguna agresión física, ésas ya están descartadas y fuera de lugar; hablo de ese daño que se queda en el alma, que te hace añicos por dentro.

Y ese lugar a donde yo voy y me ha funcionado, no es un lugar físico, es solo dentro de ti mismo.

¡Vivamos en paz!

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