Por: Mauricio Farías Hodges| Poeta residente de Tijuana, Baja California

Si decides alejarte de mí

tendré que entenderlo,
no podría oponerme
por más unilateral
que sea tu decisión,
aunque no tomes en cuenta
nada de lo que pueda hacer,
decir o mucho menos pensar.

Si tomas tu bandera para
zarpar en un barco
donde yo no esté invitado
tendré que quedarme
en este puerto y decirte adiós,
con un pañuelo blanco
me verás despedirte
y desearte lo mejor.

Y si habrán de mojarse mis ojos,
al querer evitar pensar
en esa condena a la que nos has
de someter ante la duda
de lo que habría sido,
ante la muerte prematura
de una historia sin fin.

Pero si decides quedarte un poco,
no me quedará otra opción,
irremediablemente te haré feliz,
buscaré bajo mi cama
el cofre de sorpresas
que he reservado para la ocasión,
para el momento mágico
en que te he de encontrar.

Sacaré de él los atardeceres
más bellos que se han construido,
el sol más brillante sobre el horizonte
húmedo como ese rincón tan tuyo,
en donde mujer te vuelves hembra,
en donde el cielo se siente poca cosa,
en donde me has poseer como nadie.

En uno de los compartimentos
están los días largos que he de caminar
a tu lado, aferrado como un niño
a ese globo que adora,
con el orgullo que debe ser
mostrarle al mundo que te pertenezco,
que me perteneces, que somos
lo que siempre hemos querido ser.

De lado derecho, están los esfuerzos
que haré al salir de cacería,
donde cada gota que corra por mi frente
estará gritándote te amo, te amo
y todo vale la pena si es por ti,
por ese abrazo que se siente como ninguno.

Y guardo en el extremo izquierdo,
en un rincón importante
la imaginación con la que he
de construir cada detalle,
esos que te harán entender
lo feliz que me puedes hacer
con esos ojos de luna,
con esos labios de flor,
con la fortuna que ha de ser
saberte sólo para mí, sólo mía.

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