Afganistán es muy conocido por su miseria y conflictos de guerra, pero el gobierno se ha encargado de esconder bajo la alfombra uno de sus más oscuros secretos, incluso más grave que los bélicos. Los bacha bazi, o en español “los niños danzantes” es una práctica que se ha ejercido por mucho tiempo por hombres afganos.  

Esta práctica había desaparecido hace años pero encontró la manera de resurgir  como una de las oscuras tradiciones. Dicho acto consiste en “comprar” o secuestrar a niños de sus familias a corta edad, mayormente entre 10 y 18 años. Los niños son de  clase pobre y varios son convencidos de que tendrán una mejor vida, estatus social y un futuro próspero. Pero claro, si algún niño se rehúsa es golpeado o hasta ejecutado.

Estos niños son vestidos y arreglados como mujeres bailarinas, con maquillaje y cascabeles en las mano. Como atracción de circo, son enseñados diferentes tipos de bailes para que cuando estén listos, se  presenten frente a un grupo de hombres de avanzada edad donde después de ver el trágico espectáculo, son abusados sexualmente, y no sólo por su dueño, sino por los participantes del grupo.

El lado más amargo de esta “tradición” es que cuando un hombre afgano posee uno de estos niños, es respetado por la sociedad y es considerado reflejo de poder y éxito social.

Ahora, no es sorpresa que el gobierno le tema a dichos practicantes pues las autoridades cierran los ojos frente al poder de los maestros de los bacha bazi. La Onu y Unicef han denunciado la reaparición de los bacha bazi, pero incluso Nazir Alimy, en misión para Unicef, explica que él “no puede nombrar –los compradores de bacha bazi– porque valora su vida”.

La misma gente que conoce esta práctica tiene miedo a alzar la voz y denunciar, ya que los “dueños” de estos niños son altamente respetados y ni las autoridades son capaces de detenerlos, principalmente porque su mayor defensa es que es parte de su cultura y eso la hace  una práctica legítima. Aunque el Islam no permite una práctica tal como Bacha Bazi, que supone el abuso a menores, no está claro si la práctica puede ser considerada legal o ilegal.

Ante esta situación la población afgana en contra de esta práctica no le queda de otra mas que esperar un gobernante que tenga la agallas de usar el poder que tiene para hacer el bien y no esconderse cobardemente por miedo a la alza social de los hombres más poderosos del país.

Ante la baja denuncia de esta situación, me es de suma importancia que salga a la luz y exista un rechazo mundial por estos actos y así puedan desaparecer en su totalidad. Solo son niños gritando por el poder de hacer algo al respecto. Nosotros podemos hacer algo al respecto.

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