Por: Leonel Serrato Sánchez | |Analísta Político

Hay quien encuentra en los cambios que se anunciaron –la salida de Azcárraga Jean– un primer paso hacia el saneamiento de la empresa, prepararla para su venta, pero también como parte de una serie de “acuerdos” con el cuasi candidato presidencial de MORENA Andrés Manuel López Obrador; la preferencia creciente del exjefe de gobierno de la Ciudad de México obliga a Televisa, por su relación simbiótica con el poder político, a procurarlo, o al menos evitar que al llegar AMLO haya un enfrentamiento.

Una noticia sacudió el ámbito empresarial en los días recientes, la salida de Emilio Azcárraga Jean de la Dirección General del Grupo Televisa; Alfonso de Angoitia, vicepresidente y jefe de Finanzas de la empresa, y Bernardo Gómez, que supervisa la división de Noticias y las Relaciones Gubernamentales de Televisa, dirigirán la compañía como copresidentes ejecutivos.

 

La televisora ha ido disminuyendo dramáticamente su presencia en el mercado de la diversión y de noticias en todo el mundo de habla hispana, del que era indiscutible líder durante casi un siglo, pero curiosamente su descenso no se ha debido a la competencia –que anda por los mismos derroteros– sino a la limitada visión con la que abordó la empresa la irrupción del contenido en demanda por la Internet.

 

Ni duda cabe que ahora el público no gusta de consumir las producciones de Televisa, otrora un gigante de la industria telenovelera, habiendo marcado todo un estilo, más bien un género de indiscutible éxito mundial, porque a nadie escapa que las estrellas del grupo de telecomunicaciones ganaron fama en todo el planeta precisamente porque los teledramas fueron exportados a los más inverosímiles rincones del globo, traducidas a decenas de idiomas, y contando con fanáticos por decenas de millones antes de la era de la Internet.

 

Emilio Azcárraga tercero no “leyó” lo que le estaba ocurriendo a la industria y permaneció fiel a los esquemas fincados por su abuelo y padre, cuando la televisión estaba naciendo, hasta llegar rayando a los límites de su máxima influencia social, empresarial y política, pero eso terminó cuando surgieron proveedores de contenidos –y ahora exitosos productores– en línea y bajo estricta demanda de los consumidores, tales como Netflix, iTunes, Claro, Amazon, HBO, entre otros; Televisa reaccionó tarde y mal, con Blim, porque sólo es para la difusión de sus propias producciones.

 

Puede uno seguir analizando las causas estrictamente empresariales, de modelo de negocios, de comprensión tecnológica y de frescura ideológica que han estado golpeando a Televisa desde hace algunos años, pero hay una causa que llama poderosamente la atención, y es la que tiene qué ver con su propia participación en la vida política de nuestro país, mire Usted:

 

La credibilidad del Grupo Televisa en el segmento de sus noticieros fue disminuyendo en forma muy significativa a raíz de la presidencia de Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, a quien aún hoy día muchas personas de todos los signos políticos acusan de haber accedido al poder mediante una manipulación de la elección.

 

La Presidencia de Enrique Peña Nieto golpeó severamente las bazas de la televisora en la vida política mexicana precisamente porque desde un principio se asumió que el mexiquense era una “producción” del Grupo Televisa, ¿quién no recuerda las portadas de revistas críticas con el logotipo de la empresa cruzado con la banda presidencial?

 

Pero como no podía ser de otra forma, gobernar gasta a los gobernantes, les expone, les exhibe y les disminuye o potencia según sus determinaciones, y teniendo el Presidente Enrique Peña una de las tasas de aprobación ciudadana más baja de la historia –y de todo el mundo democrático– debió necesariamente golpear a la empresa fundada por don Emilio Azcárraga Vidaurreta, y de la que sus sucesores se autodefinieron como “soldados del PRI”, precisamente porque el público y sus opositores la visualizan como el apoyo más enfático al actual grupo gobernante.

 

Las presiones financieras –Televisa es una empresa pública, que cotiza en la Bolsa de Valores–, las presiones tecnológicas, y su debacle política ya explicaban la situación actual de la televisora, y también la lógica de algunas decisiones, oiga pero lo que lo explica al completo fueron las investigaciones del Departamento de Justicia y en la Comisión de Mercado y Valores de los Estados Unidos, la revelación de la supuesta existencia de los Papeles de Panamá.

 

Súmele a todo lo anterior el inicio del proceso electoral 2018, en el que con muchas probabilidades se modificará la correlación de fuerzas políticas y otra tomará la presidencia.

 

Televisa debió decidir con celeridad los cambios que le permitan sobrevivir, y para ello su relación con el poder político es absolutamente básico, no saben hacer negocios de otro modo.

 

Hay quien encuentra en los cambios que se anunciaron –la salida de Azcárraga Jean– un primer paso hacia el saneamiento de la empresa, prepararla para su venta, pero también como parte de una serie de “acuerdos” con el cuasi candidato presidencial de MORENA Andrés Manuel López Obrador; la preferencia creciente del exjefe de gobierno de la Ciudad de México obliga a Televisa, por su relación simbiótica con el poder político, a procurarlo, o al menos evitar que al llegar AMLO haya un enfrentamiento.

 

La pérdida de hegemonía mediática, su escasa credibilidad, su actitud lerda frente a las nuevas tecnologías y encima un choque con el que parece próximo Presidente de México significaría el fin de los negocios de la televisora.

 

No veo cómo logren los dos nuevos jerarcas mediáticos –de Angoitia y Gómez– revertir la tendencia a la baja de Televisa, pero si le encuentro sentido el querer evitar el choque con el suelo en lo inmediato, por lo menos ganan tiempo hasta encontrar la receta, o el modelo que les permita sobrevivir en medio de la tremenda competencia.

 

Aliarse o no con AMLO mediante la adopción de medidas que le “contentan” es, por lo pronto, un paso hacia la sobrevivencia, como parecen estarlo haciendo muchos conglomerados y grupos económicos ante la inminencia del cambio que viene.

 

Alfonso Romo Garza, el multimillonario sobrino-nieto de Francisco I. Madero, no sólo aconseja e ilustra a López Obrador sobre los pasos a seguir frente al sector empresarial que le es tan animad verso, sino que incluso sirve de puente, negociador y hasta estratega de los propios empresarios que se acercan a MORENA.

 

El cambio que viene puede llevar a AMLO a Los Pinos mediante una amplia movilización popular que le vote, pero sólo la operación fina, delicada, con los diversos factores reales del poder pueden hacer que esa llegada no signifique una catástrofe para México, sino una oportunidad para reinventarnos.

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