El espionaje del gobierno en México

Por: Vanessa Guerrero Belmont | @Vannbelmont | vanessagbelmont@gmail.com

Imaginen ustedes a qué grado han llegado las labores de espionaje en México, que hasta los políticos se espían entre ellos mismos.

De acuerdo con el informe Freedom on the Net 2017 de Freedom House dado a conocer el 14 de noviembre pasado, muchos gobiernos alrededor del mundo están aumentando drásticamente sus esfuerzos para vigilar, espiar, y manipular la información que sus ciudadanos comparten en las redes sociales.

Las tácticas de manipulación y desinformación en línea desempeñaron un papel importante en las elecciones en al menos 18 países el año pasado, incluido Estados Unidos, lo que dañó la capacidad de los ciudadanos de elegir sus líderes sobre la base de noticias objetivas y debates auténticos, de acuerdo con Freedom House.

La manipulación del contenido en línea que contribuyó por séptimo año consecutivo a la disminución general de la libertad, no es la única forma de ataque en contra de los derechos de los ciudadanos. También se acompañan de un aumento en las interrupciones del servicio de internet móvil así cómo  de ataques físicos y técnicos en contra de defensores de derechos humanos y medios independientes.

“El uso de comentaristas pagados y bots políticos para difundir propaganda gubernamental fue iniciado por China y Rusia, pero ahora se ha vuelto global”, asegura Michael J. Abramowitz, presidente de Freedom House.

“Los gobiernos están usando las redes sociales para reprimir la disidencia y promover una agenda antidemocrática”, dijo por su parte Sanja Kelly, directora del proyecto Freedom on the Net. “No solo es difícil detectar esta manipulación, sino que es más difícil de combatir que otros tipos de censura, como el bloqueo de sitios web, porque está dispersa y debido a la gran cantidad de personas y bots desplegados para hacerlo”.

“La fabricación de apoyo popular en las redes sociales para las políticas gubernamentales crea un circuito cerrado en el que el régimen esencialmente se respalda a sí mismo, dejando afuera a grupos independientes y ciudadanos comunes”, dijo Kelly.

En el informe de Freedom House, México aparece como un país “moderadamente libre”.

 Las prácticas de vigilancia ilegal en México que llamaron la atención de Freedom House y le impidieron clasificarlo como un país “libre”, se debieron a una serie de investigaciones que revelaron que el spyware del gobierno atacaba de manera abusiva a las personas involucradas en la investigación de la corrupción y los abusos contra los derechos humanos.

Un artículo del periódico The New York Times publicado el pasado 18 de junio, asegura que el gobierno mexicano espía no solo a criminales y terroristas, sino que también lo hace con periodistas, abogados, defensores de los derechos humanos y sus familiares.

Entre los blancos predilectos del gobierno se encuentran abogados que investigan la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, un economista que ayudó a redactar un proyecto de ley anticorrupción, dos de los periodistas más influyentes de México y una estadounidense que representa a víctimas de abusos sexuales cometidos por la policía.

“Somos los nuevos enemigos del Estado”, señaló Juan Pardinas, Director del Instituto Mexicano para la Competitividad, el IMCO, quien redactó e impulsó la legislación anticorrupción apodada Ley 3de3. Su iPhone y el de su esposa fueron blanco en varias ocasiones del programa espía, según un análisis forense independiente.

“La nuestra es una sociedad en la que la democracia se ha deteriorado”, afirmó Pardinas.

De acuerdo con el diario en el que figura como accionista Carlos Slim (el magnate mexicano que está enfrentado con el régimen del Presidente Enrique Peña Nieto debido a una Reforma en Telecomunicaciones que perjudicó las utilidades de su negocio para hacerlo caer en el ranking de los hombres más ricos del mundo) y a través del cuál también ha filtrado otras informaciones delicadas, el Gobierno adquirió un avanzado programa de interceptación celular de una empresa israelí.

Se trata del software Pegasus que logra infiltrar teléfonos inteligentes con sus mensajes de texto, correos electrónicos y contactos. Incluso —asegura el New York Times— el programa puede utilizar el micrófono y la cámara del teléfono celular como herramientas de escucha y vigilancia. El periódico asegura haber revisado decenas de mensajes de las personas vigiladas que ademas eran críticos del Gobierno.

Voceros oficiales niegan las acusaciones una y otra vez, pero los contratos y todos los documentos de las autoridades relacionados con los fabricantes de Pegasus, han sido clasificados oficialmente como información “reservada”. Imposible tener acceso a ella.

Según otras fuentes, desde el año 2011, al menos tres agencias federales mexicanas han invertido casi 80 millones de dólares en programas de espionaje Pegasus. El software no deja rastros del hacker que lo utilizó.

El fabricante, NSO Group, señala que no se puede determinar exactamente quién está detrás de los intentos específicos de hackeo, algo ideal para quién lo utiliza que es no dejar huella y además, reconoce que el programa solo puede ser utilizado por las agencias gubernamentales en las que se ha instalado la tecnología, algo que no deja duda de quiénes están detrás de todo esto. De quienes pueden ser sus potenciales clientes.

La compañía cobra a los gobiernos según el número total de objetivos a vigilar. Para espiar a diez usuarios de iPhone, por ejemplo, el fabricante cobra 650.000 dólares, unos 13 millones de pesos al tipo de cambio actual, además de la cuota de instalación de 500.000 dólares (alrededor de 10 millones de pesos), según las propuestas de comercialización de NSO Group que revisó The New York Times.

 El problema es la tendencia observada porque los esfuerzos para manipular las discusiones y atacar las voces críticas aumentaron en México durante 2017, de acuerdo con el informe de Freedom House.

Más allá del informe, es un hecho que varios de los comentaristas más agudos y creíbles que gozaban de altos niveles de audiencia y que por años resaltaron las deficiencias y exhibieron los abusos del gobierno como Leonardo Curzio de Núcleo Radio Mil, Carmen Aristegui de MVS o Erick Guerrero de TV Azteca, entre otros, están fuera del aire desde hace algunos meses debido a presiones oficiales ejercidas directamente sobre los medios de comunicación.

Pero imaginen ustedes a qué grado han llegado las labores de espionaje en México, que hasta los políticos se espían entre ellos mismos. La revista Proceso denunció a finales de agosto de 2017 que a través del sistema de software italiano conocido como Galileo, el entonces gobernador de Puebla Rafael Moreno Valle, armó una red clandestina de espionaje que incluyó al propio presidente Enrique Peña Nieto; al secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong; a los aliados políticos de ambos, a periodistas y funcionarios estatales, según denunció ante la PGR el ex agente del CISEN Rodolfo Raúl González Vázquez.

En rueda de prensa que se llevó a cabo en el Senado de la República y que fue auspiciada por MORENA, el Partido de Andrés Manuel López Obrador, González Vázquez calificó a esta red de espionaje como “un grupo delictivo que tiene actividades criminales” y que ordena, incluso la “eliminación” de algunos objetivos políticos y ciudadanos.

Lo que más preocupa es la absoluta falta de ética con la que actúan. Cómo se pisotean derechos, normas sin escrúpulos y se pisotean valores fundamentales, porque según las leyes mexicanas, un juez federal es el único que puede autorizar la vigilancia de comunicaciones privadas y solo cuando los funcionarios demuestran que tienen un caso bien armado jurídicamente, con pruebas contundentes para realizar esa solicitud.

Es muy poco probable que el gobierno haya recibido aprobación judicial para hackear los teléfonos de los activistas y periodistas.

“Las agencias mexicanas de seguridad no le pedirían una orden a la Corte porque saben que no se las darían”, dijo Eduardo Guerrero, un ex miembro del Centro de Investigación y Seguridad Nacional de México, el CISEN, la agencia del gobierno que realiza labores de inteligencia y que utiliza el programa espía Pegasus.

“¿Cómo sería posible que un juez autorizara vigilar a alguien que se dedica a la protección de los derechos humanos?”, se preguntan varios académicos y observadores.

El gobierno mexicano al espiar de manera ilegal, actúa para satisfacer mezquinos intereses, en forma total y absolutamente carente de ética. “El fin justifica los medios” como decía Maquiavelo. Diabólica forma de actuar.

Según Guillermo O´Donnell y Paul Schmitter, autores de un célebre estudio publicado en 1988 que fue aclamado en el mundo académico para convertirlo en todo un clásico, “Transiciones del Autoritarismo a la Democracia”, en algún momento los países que experimentan este fenómeno, que buscan abandonar un régimen de represión para alcanzar uno de mayor libertad, corren el riesgo de sufrir una regresión. De que aparezcan o retornen en algún momento, prácticas autoritarias.

Quién describió de manera magistral esta posibilidad en el camino del autoritarismo a la democracia, fue el escritor británico George Orwell en su obra “Rebelión en la Granja”.

Para ubicar en contexto, Orwell asegura que los animales, cansados de la corrupción, la impunidad y los abusos de los humanos en el manejo de la granja, liderados por los cerdos, empiezan a fraguar una rebelión. Ansían derrocar el régimen autoritario de los humanos para alcanzar su libertad…para llegar a la democracia, un sistema al que consideran más justo.

En algún momento lo logran. Viene la alegría y con ella, los festejos para darle la bienvenida a una nueva época. Sin embargo, al poco tiempo los cerdos se empiezan a comportar exactamente de la misma manera en como lo hacían los humanos.

Los animales, desencantados, decepcionados con el cambio, en pleno proceso de desilusión democrática, empiezan a añorar las viejas prácticas; el regreso de los humanos al poder. Del viejo régimen autoritario. Pero al final, en un hecho insólito, contemplan cómo en el cuartel general de La Granja, los humanos se reúnen, pactan con los cerdos para repartirse el poder y gobernar juntos. Celebran con botellas de Champagne.

Orwell termina la novela con esta frase célebre: “los animales que estaban afuera, atónitos, volteaban su mirada del hombre al cerdo; luego del cerdo al hombre y una vez más del hombre al cerdo, pero ya era imposible distinguir quién era quién”.

México, después de 70 años, con la victoria de Vicente Fox en el año 2000, dio fin a un régimen autoritario. Con la alternancia, el cambio de partido en el poder, renació la esperanza de alcanzar un régimen democrático. Pero hoy, 17 años después, aparecen tentaciones autoritarias. El peligro de regresión del que hablaban O´Donnell y Schmitter.

El spyware, por desgracia, se ha convertido en una herramienta fundamental para acumular poder, mantener el control en manos de políticos mexicanos que lo utilizan ya sea en contra de otros políticos o en contra de ciudadanos para socavar sus derechos y libertades.

México parece haberse convertido,  en un claro ejemplo de descomposición democrática y en una evidencia más de aquella célebre sentencia de Lord Acton a finales del siglo XIX: “Todo poder corrompe, pero el poder absoluto corrompe absolutamente”.

Es un hecho que varios de los comentaristas más agudos y creíbles que gozaban de altos niveles de audiencia y que por años resaltaron las deficiencias y exhibieron los abusos del gobierno como Leonardo Curzio de Núcleo Radio Mil, Carmen Aristegui de MVS o Erick Guerrero de TV Azteca, entre otros, están fuera del aire desde hace algunos meses debido a presiones oficiales ejercidas directamente sobre los medios de comunicación.

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