Nunca entendí qué fue lo que motivó al Presidente Enrique Peña Nieto y a su círculo cercano para nombrar como gerente nacional del Partido Revolucionario Institucional PRI a un profano en esas lides, no sólo inexperto, sino incluso ajeno a la vida partidista.

Enrique Ochoa Reza era un administrador, por cierto no muy competente ni lucidor, en una de las ahora llamadas “empresas productivas” del Estado, y de la Dirección General de la Comisión Federal de Electricidad fue llevado en vilo hacia el PRI, quién sabe para qué, puesto que hoy día no parece que tuviera algún plan real para evitar la deblacle del partido del Presidente.

Desde el primer día de su gestión como líder partidista ha hecho de su diario quehacer el posicionarse como el enemigo mortal del dirigente y virtual candidato presidencial de Morena, desde luego sin lograrlo, haciendo más bien el papel de un pequeñajo que desea ser admitido a los juegos de los mayores.

DIRIGENTES

En el Partido Acción Nacional PAN las cosas son distintas, ahí sí hay un dirigente que además está rápidamente creciendo internamente y construyendo un liderazgo sólido, Ricardo Anaya, igualmente joven, pero mucho más empacado y con menos obsesión por ser el antagonista de Andrés Manuel López Obrador AMLO, pero intentándolo también.

Ambos, Ochoa y Anaya se disputan encarnizadamente el papel de ser los que enfrenten a López Obrador, pero no tienen éxito, pues les elude habilidoso, con la serenidad que le dan los casi 16 años de estar en campaña electoral, y toda una vida de dirigente contra corriente.

Ante la imposibilidad de remontar los números del PRI que auguran un resultado funesto para la formación tricolor no en 2018, sino desde ya en este año de elecciones en el estado de México, los priistas no atinan a dar pie con bola, y se enconchan, se refugian en sus trincheras tradicionales, sus bastiones históricos, ante la inminencia de perderlos, curiosamente no a manos del PAN, sino de Morena.

AMLO en sus vídeos, que rápidamente se vuelven virales, con frases que se convierten en memes pegajosos, que se quedan permanentemente en la psique colectiva de propios y extraños, puede condenar que los demás postulan a un burro o a una vaca, y gana el burro o gana la vaca, pero no se ruboriza al presentar como candidata a la gubernatura mexiquense a una señora de perfil tan bajo que la campaña electoral deberá correr a cargo del propio tabasqueño, y con el extra de que puede ganarla, lo que la convertirá en la “juanita” más poderosa de entre los gobernadores, sólo ligeramente debajo de quien resulte favorecido –o favorecida– con el cariño lopezobradorista para la Ciudad de México.

Desde luego que los focos, que ya eran rojos en el mapa electoral del PRI y del PAN, empezaron a destellar con mayor fuerza, y sus liderazgos reaccionaron alarmados enderezando todas las baterías de su arsenal político contra AMLO, dándole la categoría de puntero, y tras sus yerros, de imbatible.

Incapaces de hacerle el más mínimo rasguño los dirigentes del PRI y del PAN han echado mano de uno de sus viejos conocidos, auténtico buscapleitos barriobajero, fajador sin pudor, Miguel Ángel Yunes Linares, hoy gobernador de Veracruz, quien erigido en investigador, detective, ministerio público, policía y portavoz, haciendo como que persigue a su predecesor priista Javier Duarte de Ochoa, ha acusado a Morena de recibir dinero del sátrapa ladrón veracruzano, y retado a AMLO a batirse en duelo verbal con él, en tanto que fiscal antiduarte y paladín del combate a la corrupción gubernamental.

Como los desfalcos al ISSSTE de los que su otrora protectora, Elba Esther Gordillo Morales, acusara a Yunes Linares ya no se recuerdan, y ahora es de los “buenos” al ser panista-perredista, el gobernante jarocho tutea retador al ex jefe de gobierno de la Ciudad de México como si hablara con un raterillo reincidente al que amenaza para que sea soplón de otros delitos.

AMLO, socarrón, le contesta apostando su resto, si prueba Yunes que recibió dinero sucio de Duarte de Ochoa se retira de la política, el bravucón descubierto patrasea y no muestra las pruebas, sólo le reta nuevamente, ya después advierte el Peje la treta y se burla de él, como lo ha hecho de Ochoa Reza y de Anaya.

¿Qué necesidad tienen de estar fortaleciendo a AMLO los dos partidos con los que se disputará la presidencia de la república en 2018?

¿Qué les anima a imitar sus acciones y estrategias si en su ejecución no atinan sino a hacer un lastimoso ridículo?

Vea si no, López Obrador se enfrenta con serenidad a Donald Trump y se lanza a una cruzada de mítines en las principales ciudades de los Estados Unidos, en cada evento se le congrega una muchedumbre que le vitorea, y ante los periodistas estadounidenses se lanza a profundidad contra el republicano bipolar; Ochoa y Anaya quieren hacer lo mismo, pero se limitan y confrontan suavemente a Trump y anuncian sus viajes al vecino del norte, pero en contraste realizan reuniones cerradas, conferencias en universidades, ruedas de prensa y aún en ellas les increpan enardecidos migrantes que les dejan un mal sabor de boca. Gana el tabasqueño de nuevo.

Cada pulso que intentan, cada juego de vencidas, sale airoso el de Macuspana y empequeñecidos los dirigentes priista y panista.

¿De qué va el juego? ¿No les hace sentido la historia o no la conocen? Cuando en el pasado se hostigó a AMLO lo hicieron mártir ante los ojos de todos los mexicanos; cuando se le acorraló y se le puso la soga al cuelo, éste se agigantó y usó el lazo como una corbata.

El echarle montón a un experimentado luchador social, que además no tiene por dónde le encuentren un solo acto de corrupción o de abuso del poder, es un acto suicida, y no, así no le van a ganar, al contrario, lo harán Presidente.

 

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