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Y EL PRI SE DESBARRANCÓ…

ColumnasY EL PRI SE DESBARRANCÓ...

Por: Leonel Serrato Sánchez

Analista Político

Aún no estamos recuperados de directa la ciudadanía de 14 entidades federativas; esas molestias durarán algún tiempo, porque se lanzaron tanto lodo que da lástima.

Las señales que surgen de la jornada electoral del pasado 5 de junio son puntualmente cuatro, a saber por su impacto en la vida nacional: El PAN (quien sea que encabece su candidatura presidencial) regresa con fuerza inusitada a la arena, y de golpe se torna muy posible su triunfo en los comicios de 2018; el PRI sufre una derrota tremenda, pierde la ruta hacia la presidencia víctima de una colisión inesperada y demoledora, y se desbarranca hacia lo profundo, pero no es un cadáver; el PRD inició su desaparición formal, y si bien llegará a las elecciones de 2018, será un mero cascarón vacío, un membrete desprestigiado, sólo útil para gastar dinero de los contribuyentes, ese sí, un cadáver; y finalmente el avance sostenido de MORENA, un partido político recién nacido, pero de larga andadura en las bregas de la insondable izquierda mexicana, que se coloca ya como tercera fuerza política electoral del país.

Los resultados dieron lugar a que esas señales quedaran claramente marcadas en el imaginario colectivo, porque amén de ser inexplicables, algunos son francamente sorpresivos, mire Usted: No resulta extraña la victoria del panista Martín Orozco en Aguascalientes, lo que resulta inexplicable es la derrota de Lorena Martínez, quien tiene una bien ganada fama de persona honrada y capaz.

La victoria de Javier Corral en Chihuahua sorprende, y mucho, porque consiguió varias hazañas sucesivamente, la primera ser el candidato del PAN a gobernador de su estado; la segunda revertir la negativa del PRD para conformar alianza electoral atrayendo al perredismo a su lucha política; la tercera revivir la ilusión de una ciudadanía ahíta de mentiras y saqueos, no sólo de los políticos emanados

¿Desea otra cosa inexplicable para callar boca? ¿Qué le parecen las encuestas y los que las hacen?

del PRI, sino también de los salidos de las filas blanquiazules y amarillas; la cuarta, imponerse a un buen candidato del PRI, hombre no cuestionado y reconocido ex alcalde de Ciudad Juárez; y finalmente derrotar al corporativismo y al aparato gigantesco que movilizó el gobernador César Duarte para frenar a Corral; todo lo logró, y seguramente será el más liberal de todos los gobernadores panistas de la historia.

En Durango la sorpresa no debería ser mayor, pero sí lo es porque el gobierno priista saliente no fue especialmente dañino con el estado, el candidato del PRI no generó animadversión, sino unidad en su partido, y el candidato José Rosas Aispuro ya había sido derrotado por una diferencia minúscula hace seis años cuando era un recién salido de las filas del tricolor; Rosas Aispuro construyó durante todo este tiempo una sólida base social que le redituó electoralmente, a la que sumó por segunda ocasión la alianza del PAN con el PRD que es quizás la única que realmente sirvió en todo el país.

Me sorprende el resultado en Oaxaca, porque sea un Murat el que ocupe la gubernatura; me resulta incomprensible la falta de memoria de los oaxaqueños, que sin duda alguna han dado un paso gigantesco hacia atrás por pura mezquindad de los protagonistas; me entristece que uno de los estado más pobres, y que había logrado la alternancia, regrese por sus pasos hacia los lodazales en los que estuvo.

Lo ocurrido en Quintana Roo deja perplejo al más avezado: en el duelo de los grupos caciquiles gana el candidato con el grupo más mañoso (por habilidoso y taimado) y se queda de lado el que parecía el mejor equipado; nada malo le pasará a Quintana Roo que no le haya pasado ya, el grupo triunfador cuidará bien de la gallina de los huevos de oro hasta que sea relevado por su antagonista de siempre; en el PRI no se apuran, Carlos Joaquín es más priista que Manlio Fabio Beltrones, y los partidos sólo son tapetes de esos grandes señores de la península, mañana serán papel de baño de otros en liza.

Del estado de Tamaulipas sólo me llama la atención que se haya tardado tanto la ciudadanía en despertar de esa pesadilla, pero tengo reservas; por alguna razón el candidato triunfador me da mala espina, espero que sólo sean los modos norteños a veces un poco bruscos.

Pare usted de contar cosas sorpresivas, ahora lo inexplicable: Veracruz.

Los resultados dieron lugar a que esas señales quedaran claramente marcadas en el imaginario colectivo, porque amén de ser inexplicables, algunos son francamente sorpresivos

Que un hombre decente como Héctor Yunes fuera materialmente borrado por sus opositores es para Ripley.

Que un hombre cuestionado hasta la médula como Miguel Ángel Yunes resultara ganador, es de locos.

Que un desconocido como Cuitláhuac García conquistara a un tercio de los electores de uno de los estados más politizados del país, eso si no tiene precedentes.

Resulta imposible explicarnos cómo es que Javier Duarte de Ochoa haya logrado concluir su sexenio, y si va a la toma de posesión de su sucesor, entonces sí, podemos morir en paz al haber visto todo lo que no tiene explicación en la política nacional.

¿Desea otra cosa inexplicable para callar boca? ¿Qué le parecen las encuestas y los que las hacen? Hilarante si no se pavonearan de ser eficaces; en mi colaboración anterior acerté a todas mis predicciones, y no tuve necesidad de acudir a esos gurús de la estadística.

En este mismo espacio escribí que percibía vientos de derrota en el partido del Presidente Enrique Peña en los estados en los que la rudeza y el derroche de propaganda lodera era lo que privaba: Durango, Quintana Roo, Tamaulipas y Veracruz, y todas esas gubernaturas las perdió el PRI.

Pero los que ganaron no fue por ser los mejores, sino porque de modo absolutamente inexplicable sus adversarios se dispararon a sí mismos.

¿A quién se le ocurrió usar propaganda negra (de contraste le dicen los sinver-
güenzas) como método para persuasión electoral?

¿A quién se le ocurrió ignorar la fortaleza organizacional de López Obrador y la empatía mágica de Ricardo Anaya?

Ese genio que tuvo la ocurrencia, es el responsable.

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